Autor: Philip Larkin
Cogida en el centro de un campo silencioso mientras pasaban inexplicables horas calientes, ¿qué trampa es ésta? ¿Dónde estaban sus dientes ocultos? Parecías preguntar, yo hago una aguda respuesta, luego limpio mi bastón. Me complace no poder explicar justo en qué quijadas tú ibas a supurar: tú debiste pensar que las cosas se arreglarían de nuevo si sólo pudieras mantenerte bastante quieta y esperar.
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