Autor: Philip Larkin
Amor, debemos partir ahora: no dejes que sea amargo y calamitoso. En el pasado ha habido demasiada luz de luna y autocompasión: dejemos que termine: porque ahora al fin nunca el sol había andado tan arrogante por el cielo, nunca los corazones estuvieron más avidos de ser libres, para patear mundos, bosques frondosos, tú y yo ya no lo mantenemos, somos cascarones que ven el grano yendo hacia adelante a un uso diferente.
Hay arrepentimiento. Siempre, hay arrepentimiento. Pero es mejor que nuestros vidas se desaten, como dos elevadas naves, enseñoreadas por el viento, húmedas con luz, rompen desde un estuario con sus cursos dispuestos, y saludando al partir, saludando hasta desaparecer de la vista.
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