Autor: Jeff Bagato
A espaldas de un rinoceronte la condesa cabalga para inspeccionar sus tierras, todos los centros comerciales y salas de manicura, salones vertiendo sudor de la frente de alguien oculto y desconocido, la pizzería saca las pizzas como ovnis en la atmósfera, viajando gratis a través de Estados Unidos, como cuervos o buitres cubiertos en salsa roja y queso, aleteando sus amplias alas y rondando las cabezas de individuos débiles yaciendo medio muertos en sus autos, las hamburguesas caminan la tierra marchando directo desde la plancha y vistiéndose para un paseo en un pequeño pan con semillas de sésamo, salsa especial, tomate, pickles y cebollas –todas las mejores hamburguesas lanzan un collar de perlas sobre sus formas, como dos filas de dientes descendiendo por una mordida, pero las hamburguesas pueden correr en círculos alrededor de la mayoría de los comedores de carne, esquivando, riendo y haciendo una escena-, la cerveza fluye en la fuente como la percepción del tiempo, sampleada y ensamblada por cerebros análogos para empujar a una persona fuera del lodo, los autos dan saltos de tijera en cada estación de servicio, felices de alimentarse de la enorme teta de Estados Unidos, con el petróleo goteando de sus agujeros como la grasa de las papas fritas francesas por una bolsa de papel llena de muerte caliente, es un panorama de barras de helado y cigarrillos, y monos haciendo una danza por más fideos, cargados en café, y cerebros ajustados para explotar del alzamiento del lenguaje y el pecado como una torta de manzana encriptada con números de tarjetas de crédito, direcciones y mentiras, mentiras, mentiras para el recaudador de impuestos, el auditor, la policía Podemos pavimentar el mundo con queso cheddar como un húmedo burrito cubierto en lodo dorado, como un derrame de petróleo en Alaska, como fracturar la mente y dejarlos a todos en el mostrador
