¿Por qué no va a funcionar el macabro plan de paz trumpista en Gaza?

Autor: Agencia Maldita Realidad

Porque un criminal de guerra, autopercibido emperador del mundo, a la vez candidato firme a obtener el premio nobel de la Paz, ha disfrazado y acelerado la decadencia de Estados Unidos abrazando el supremacismo blanco de los techno bros y de su maquinaria de guerra puesta al servicio del genocidio perpetrado por su socio inmobiliario Netanyahu, en su dubitativa búsqueda de rehenes con vida, argucia que le sirvió para estirar las matanzas hasta límites nauseabundos, lo que ha despertado fuertes sentimientos antiisraelíes en todo el mundo.

Ahora pasa que resucitan a uno de los artífices de la guerra de Irak, Tony Blair, como enviado especial para instaurar el  «proceso de paz» entre Israel y Palestina, mientras el pirata británico ya está instalado en un hotel cinco estrellas de Jerusalem elogiando la pujanza económica de Jenin, cuyas calles polvorientas y llenas de escombros aún albergan cadáveres masacrados por los bombardeos israelíes.

Aquí nos encontramos, cuando se está a punto de imponer un gobierno occidental en Medio Oriente, con la misma visión colonizadora e imperialista, desconectada de las realidades y los derechos de las personas, y en particular de las necesidades de un pueblo víctima de la rapiña inmobiliaria de Trump-Netanyahu.

La legitimidad del protectorado de Blair que construirá la anhelada Riviera de Gaza es más frágil que las afirmaciones de Trump, que se desdice constantemente, así como amenaza a sus opositores ejerciendo el poder de un modo caprichoso y despótico, imbuido de una egolatría intolerable para su nivel de cretinismo. La autodeterminación de los pueblos no es un derecho consagrado por la ONU, es un deseo fundamental de todos los pueblos de poder moldear su destino y construir sus sociedades. La imposición de un gobierno foráneo, basado en la extracción de riqueza por medio de la represión de la protesta, simplemente no es un camino sostenible hacia la estabilidad política. Por naturaleza, carecerá de apoyo o aceptación popular y es incapaz de comprender la cultura y la dinámica locales. El protectorado de Blair será un transplante incompatible que sólo incrementará la violencia y el odio de los palestinos hacia sus exterminadores, la inmobiliaria Trump-Netanyahu.

Por su parte, el yerno judío de Trump, Jared Kushner, sólo está enfocado en lo que Israel está creando con armas estadounidenses: una ruina arrasada en una zona costera privilegiada, un estacionamiento frente al mar listo para ser remodelado. En esta fantasía económica, la gente y la política de Gaza son una simple distracción de la oportunidad de obtener ganancias. Ante la devastación que vemos ahora, el sueño de Kushner se plasma en el plan siniestro de Trump. ¿Por qué hablar de una Gaza reconstruida para y por los palestinos, cuando una resplandeciente Riviera puede ofrecer a ese mismo pueblo una parte de la prosperidad que puede surgir de la noche a la mañana en las costas de Gaza? Esta propuesta recibe un impulso pragmático por la insistencia de Israel en que no tolerará un Estado palestino ni el control palestino de Gaza, y por el conocimiento, derivado de la experiencia reciente, de que Israel continuará su guerra con Irán y otros pueblos de la región, pues su avidez genocida aún se halla insatisfecha.

Por su parte, el Plan Árabe para Gaza, liderado por Egipto, plantea una alternativa clara: un gobierno técnico palestino provisional que conduzca al restablecimiento de un gobierno palestino elegido democráticamente y a la reconstrucción de Gaza, diseñada, dirigida y llevada a cabo por el pueblo palestino. Es posible que este enfoque no maximice la rentabilidad de las inversiones en Gaza. Y le negaría a Blair su ascenso de asesor a gobernante. Pero la historia, de hecho la historia muy reciente, demuestra que la propuesta de Trump, Netanyahu, Kushner y Blair no sólo es una atrocidad moral, sino también política. Miles de palestinos siguen enterrados bajo los escombros de Gaza, y sin embargo, miles más anhelan reconstruirla. No se puede construir una riviera sobre los huesos de los muertos. Y no se puede construir una ocupación sobre las aspiraciones de los vivos.

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