Autor: MJ Arcangelini
“Al menos puedes escucharlas”. El joven se burló, pasándonos en su retorno del mirador. Una densa niebla nos había seguido por la costa desde el norte de Punto Sur, y estaba, aquí, asentando su poder, su dominio sobre esta altura, cala ansiosa sorprendida por estos invitados, no preparada para ser graciosa, con una bienvenida reluctante, e incapaz de mostrar este tesoro, el agua hundiéndose. Amantes envejecidos, decididos a llenarse de asombro, contemplan los acantilados envueltos en niebla y el lugar donde las cataratas deberían estar y recoger, cuidadosamente, el blanco más oscuro del agua detrás de la niebla, la línea vertical desde el borde del acantilado a la playa de marea baja y, siendo silencioso, escuchan, más del estrépito de conversación desde otros miradores, por el rugido enmudecido de las cataratas, la canción de agua saltando y cayendo sobre el borde. El tipo de sonido en donde Jeffers podría detectar el poder de la tierra y Basho podría escuchar un haiku.
