Autor: Dale Cottingham
En un punto pensé que lo sabía pero eso fue hace mucho tiempo. Más recientemente fui llevado a leer a Dilbert, quien mira desde su marco fino pero colorido de una oficina que podría estar en cualquier lugar. El permanece energizado y en la onda llevando una lista de lo que tiene que hacer: tomando mensajes privados de su correo de voz, cabalgando olas con sus compañeros de trabajo. Eso anima todo el asunto y lo mantiene de un modo que antes creía imposible.
Luego llamó ella. Mi tarde está mejorando. Habrá truenos en los confines, algunas negociaciones humorísticas sobre vino, se presentarán alternativas, se ajustarán reclamos, se hará una nueva contabilidad. Estoy fascinado por la idea. Lo puedo ver ahora: hago señales de humo, busco respuestas, ofrezco una oración como si esto fuera el comienzo del año lunar.
