Autor: Ahmad Al-khatat
Cuando un inmigrante llora, cuando él está feliz pero no triste, cuando él es miserable pero no deprimido, cuando él humedece sus ojos, y no las rosas muertas en el jarrón.
Cuando un inmigrante llora, cuando él aprende que nada es lo mismo, cuando él escucha la música que lo hace bailar, cuando él se da cuenta de que debe despertarse solo y dormir hasta tarde por sí mismo.
Cuando un inmigrante llora, cuando su barba sin afeitar se vuelve blanca, cuando su largo cabello crece gris, cuando él se olvida el cumpleaños de su padre y el funeral de su madre, cuando él bebe con bolsillos vacíos, perdido luego de haber apostado todo.
Cuando un inmigrante llora, cuando él espera por la mujer con la que una vez soñó que construiría una familia, cuando el llanto del bebé de la puerta de al lado lo despierta, y él recuerda su propia soledad, cuando él pulsa el disparador para silenciar su infinito camino al exilio.
Cuando un inmigrante llora, cuando él contempla en el espejo y ya no se reconoce a sí mismo, cuando él habla de sus demandas sin voz mientras el mundo camina sobre su tumba, cuando él pide ayuda de cualquiera-, sólo la muerte responde, gentilmente lo convence a que pase sin un sonido.
