Autor: Máximo Redondo
Balbuceo de enfermo mental, pensamientos de psicópata social o degenerado fiscal, visión del mundo de energúmeno cabal, baba de clonazepam. Cómo evitar ser boca sucia ante tanto kuka zurdo de mierda dando vuelta, soviéticos hijos de puta que ahora encima se pusieron la remera para visitar al jefe Trump. Pero ahora se viene mi bilateral con él, donde tendré oportunidad de insistirle con lo que quiere Zelenski, que es un prócer hebreo como yo (yo aclaré que lo digo en broma, que es una parábola o una sinécdoque, pero cómo me voy a perder en artilugios estilísticos del lenguaje cuando la AI te lo hace todo en menos de un segundo), no me creo eso pero en la fantasía de esos periodistas ensobrados de mierda seguro que me veo depravado, incestuoso y adicto al ajuste…
Los rumores que a veces me llegan de la calle coinciden en que la gente se está cagando de hambre, y que lo que dije de los cadáveres fue rezarpado, propio de una mente retorcida y perversa como la mía, pero cuando salí a filmar lo de “Kirchnerismo nunca más” en un momento me pareció ver cadáveres de verdad, y eso me asustó, aunque por suerte estaba Ritondo y me dijo que eran unos narcos suyos que nos estaban protegiendo, y que si queríamos nos daban fentanilo del bueno, del que ni llega a Estados Unidos. A estos estatistas empobrecedores vamos a darles la lección de sus vidas, mandriles y parásitos mentales que no tienen idea de la marcha de la economía o el tráfico de drogas… Aunque la última vez que hablé con Caputo me dejó preocupado, se la está llevando toda él y el JP Morgan y conmigo se va a joder si no arregla con el Jefe… ¡Karina, Karinaaaaaa!…
Puta, me dieron una inyección de adrenalina, tuve un meet con Fátima y acabé con mi sexo tántrico… Me vi dos operas de Rossini y cuatro de Puccini y las comenté con Johnny Viale pero es un nabo para la crítica operística. Ni hablar Cabak o Fantino, esos sí que son anti-intelectuales, no se les puede hablar parapetado desde la cultura judía burguesa… Prefieren las hamburguesas y las bebotas perreándoles con porros o líneas de merca, a lo Alberto Fernández. Esto es un desatino, a veces me voy de mambo y me he mordido la lengua para cumplir con mi promesa de no insultar. Yo soy muy sutil y sé cómo agraviarlos movilizando a mis ejércitos de troles. La verdad que el tonto de Adorni fue el gran sostenedor de mi mandato. Auspicia y refuerza todas mis mentiras y alucinaciones con una claridad espasmódica.
De alguna manera tengo que frenarlo a Toto, su carisma puede traicionarlo y hacerme sombra. Mis principales asesores me aseguran que el plan anda fenómeno, que el libertarismo mileísta de la escuela austríaca es un éxito y un modelo que se está enseñando en universidades de Estados Unidos y Europa, lástima que lo hacen como el gobierno más depravado y genocida de la historia nacional, y no por nuestro virtuosismo económico-financiero, por nuestro ejercicio de la soberanía política y la justicia social… Todos saben que son rubros que no me interesan y que no entran en mis ecuaciones y exceles, que ya los hice mierda con mi motosierra y licuadoras.
Esto de cruzar la General Paz e ir a pelear la provincia no nació para mí… Yo le legué las cosas a los buenos muchachos de Santilli y Pareja y contraté a varias agencias para asegurarme el fraude, nunca voy a salir perdiendo de un lugar gobernado por un enano asqueroso como Kicillof, encima el tipo tiene un apellido judío de verdad. ¡Qué barbaridad…! Dios le da pan al que no tiene dientes. Cuando vuelva de Estados Unidos recibiré a mi primo Netanyahu y ahí sí vamos a aplastar a los simpatizantes de Hamas que marchan aquí en Argentina en contra del estado de Israel. Con Pato Bullrich y su supervisión les vamos a dar la paliza de sus vidas, les vamos a quitar las ganas de joder con la gloria de Adonai. Ahí sí que somos capaces de provocar los primeros muertos directos de mi gestión. A los jubilados les damos masa todas las semanas y los viejos resisten, ¡la concha de su madre! En fin, esto de no insultar me está poniendo nervioso, me tomo otro clona y a la camuchi… Adiós.
