Autor: Alvaro Correa
La aceleración de los tiempos apocalípticos a veces nos desanima. Ayer tuvimos la oportunidad de informar la primera movida de la administración Trump para “hacerse cargo” de Haití, con el procesamiento de “Barbecue”, el líder pandillero que domina territorialmente más de 80% del país. Y hoy directamente se ordenó el despliegue de miles de combatientes salvadoreños, estadounidenses y europeos, a cargo de Erik Prince, reputado simpatizante del presidente naranja y fundador de la controvertida “agencia de seguridad” Blackwater, experta en masacres de civiles indefensos.
Ante las imputaciones de países del Eje del Mal, Prince le hizo un refreshing a su empresa y pasó a nombrarla Vectus Global, saliendo absolutamente impune de un montón de asesinatos y torturas comprobados hasta la ostentación impúdica de sus ejecutantes. Presente ya en la isla que salvó la expedición de Colón en su arribo a América, muchos ex policías o miembros de bandas narco talentosos fueron captados por el contratista Prince y ya han tenido encontronazos con las huestes de “Barbecue”.
Prince firmó un contrato de diez años con el gobierno haitiano, que tiene menos legitimidad que el referido líder pandillero. Allí se estipula que él eliminará a todas las pandillas del país, y que por eso podrá participar en el sistema de recolección de impuestos. Ante la prensa crédula, Prince declaró “Una clave de nuestro éxito se logrará cuando se pueda viajar en auto desde Puerto Príncipe a Cabo Haitiano en un vehículo sin armas sin ser detenido por los pandilleros”.
Desde principios de 2024, cuando se asentó el poderío gangsteril, la capital se halla aislada del resto del país. Desde entonces, si bien la mayoría de los muertos se producen en enfrentamientos de fuerzas de seguridad con pandillas armadas, también se utilizaron drones para atacar con bombas a grupos de soldados enemigos como en cualquier guerra convencional contemporánea.
Según informó Prince, en esta nueva etapa incorporan a la lucha francotiradores, especialistas en comunicaciones e inteligencia, helicópteros y botes. El uso de un ejército trumpista para combatir al crimen haitiano, a pesar de la caradurez de Prince, genera suspicacias en las organizaciones que insisten en defender derechos humanos inexistentes en Haití.
Jake Johnston, autor de Estado de ayuda: Pánico de las élites, capitalismo del desastre y la batalla por el control de Haití, opinó: “La gente está desesperada por soluciones, ayuda, necesitan de todo. Ese estado de desesperación las lleva a aceptar la entrada de Prince al conflicto. Entiendo el nivel de trauma que tienen pero dudo que Vector Global aporte algo positivo a la gente de Haití. Yo preferiría que se vayan o me encantaría que Barbecue los saque carpiendo”.
Johnston hace una pausa, bebe un poco de whisky, y continúa: “Haití no necesita iluminados de afuera, son los propios haitianos y sus instituciones los que deben ayudar a la policía y calmar la situación. ¿Qué mensaje se envía a las fuerzas de seguridad locales contratando a una fuerza mercenaria y asesina, que viene a cristalizar la neocolonización trumpista del rincón más rezagado y revulsivo de su patio trasero?
Romain Le Cour, director del Observatorio Haitiano de la Iniciativa Global contra el Crimen Organizado Internacional, considera que la contratación de Prince es una desgracia y que va a dejar a Haití más desahuciada de lo que está. Vector Global, que se guía por su slogan “no sólo asesoramos, actuamos”, se alista para entregarle Haití a Trump en bandeja.
