La justificación maquiavélica del sadismo de Milei que es pura imbecilidad

Autor: Máximo Redondo

Hay analistas políticos que merecen ser degollados, hay brutos que bravuconean al estilo trumpista como si fueran exégetas del supremo libretista. Pontifican que está haciendo bien las cosas o sencillamente “lo que hay que hacer”, como si fuese una obligación ser un cipayo enajenado irremediable, como si fuese elogiable hacerse el macho munido de una motosierra, arengando que se va a dinamitar el banco central o destruir el estado argentino. Esa es una pasión de millonarios que están contentos de fugar dólares y pagar salarios de indigencia, satisfechos del aniquilamiento de sindicatos y de la compra y disponibilidad de miles de jueces que les permiten –e incluso los instan- a violar la ley, amparados en un superávit fiscal más trucho que la sensatez del ministro Franco.

Se pasean por programas de TV o streaming declarando su admiración por los Caputos o Galperines de la vida, siempre admirando o defendiendo el genocidio israelí en Gaza, babeados con su tecnología mortal invencible y con la calma que proporciona el emperador del mundo Trump bombardeando centrales nucleares iraníes, o ahora alistando dos submarinos para amenazar a Rusia que lo tiene cansado o de malhumor. Maquiavelismo puro en un TEG sintético de un planeta asfixiándose más por la crueldad o deshumanización que por el cambio climático irreversible. El posthumanismo no es otra cosa que potzhumanismo –los judíos pelotudos a cargo de ofender a todo el mundo musulmán-. Milei se suma con su barra de adolescentes y ministros a esta andanada de crímenes ostensibles porque el poder hay que ejercerlo sin piedad, vetando y hambreando, avasallando derechos y sembrando discordias en los rivales con cualquier tipo de herramienta o argumento.

Encima está lleno de pobres ignorantes que se tragan el discurso chanta y energúmeno del líder, que se congracian con la violencia y estupidez que expele, con las propuestas de linchamiento o lapidación que se realizan por redes sociales y las amenazas de reventar o pudrir a sus enemigos con armas tan convencionales como la mentira o el delirio instilado por el alcohol o estupefacientes cortados por dealers avivados que venden la bendición del escapismo, asegurando el ombliguismo individualista que predica el anarcocapitalismo austríaco de referencia, el onanismo pornográfico que exuda leche sobre las pantallas de computadoras y celulares.

Estos analistas le recomiendan a Milei que continúe por su camino de joda y destrucción, su espíritu adolescente lejos está de Nirvana y más bien se asemeja al de una camarilla de argentinos miameros que bancan el modelo de saqueo y coloniaje vía deuda odiosa e ilegítima, impagable y mafiosa, por un FMI que no tiene razón de ser en un mundo en el que la “comunidad internacional” es un concepto más hueco que el cerebro de los polítólogos explicando la bazofia reinante, el estropicio al que conduce a la humanidad el fascismo imperante con su ultraderecha desencajada.

Y todos se creen listos porque evaden impuestos y pueden cagarse libremente ante las injusticias y seguir adelante con sus aberraciones cotidianas, con su pretensión de longevidad sana para continuar con su existencia de crápulas descerebrados, guiados por algoritmos tenaces que los inducen al consumo acrítico de reels y proyecciones de calamidades provocadas por los sátrapas que acompañan al modelo mileísta, o por quienes eligen un camino de centro que busca cordura en la nada de la inacción o el silencio ante tanta vesanía descontrolada, ante una Sodoma o una Gomorra que veneran  la idiotez incalculable del estafador a cargo de la presidencia, ante el economista que sólo entiende de putas y clonazepanes. En este panorama, sólo Santiago Cúneo, abrazado a Rosas y Perón en sus respectivas tumbas, podrán sacarnos de este entuerto, y administrar justicia llenando de balas a estos analistas encantados por el sadismo maquiavélico de un troglodita que pasa las mayores horas de su vida dando likes a mensajes racistas o de un liberalismo ultraortodoxo que sólo puede llevar a un triste apocalipsis con la ruindad moral de sus votantes.

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