Autor: Christopher Nkong
A la salida del Cazador de Tesoros, uno de los cuatro casinos del centro de Douala, la capital comercial de Camerún, cambistas y mototaxistas como André Ouandji se arremolinan llamando a potenciales clientes. Ouandji trabaja en el área hace tres años pero nunca entró a los casinos. El prefiere frecuentar el local de apuestas deportivas en Bonabéri, el barrio donde reside.
Camerún tiene la macroeconomía más ordenada de Africa Central, a pesar de que la mitad de su población vive con menos de 2 dólares por día, y el desempleo alcanzó al 80% de los económicamente activos. En este contexto, la timba y las apuestas online son cada vez más populares como sustento de vida.
“Dejamos de confiar en que el gobierno haga algo hace muchos años” dice Ouandji, que tiene solo 27 en un país donde la esperanza de vida se viene alargando dramáticamente en los últimos años si se consideran sus cada vez más miserables condiciones de existencia, aunque el liderazgo de Paul Biya a sus 92 años sea una excepcionalidad tenebrosa, y él como todo gerontócrata seguramente es un nonagenario feliz.
Como muchos jóvenes cameruneses, Ouandji todavía no sabe a quién va a votar en las elecciones presidenciales de octubre. Biya gobierna Camerún desde 1982, y se acaba de postular formalmente por séptima vez consecutiva, desatendiendo ruegos, internos y externos, de que se aparte de la contienda. “Juntos, no hay desafíos que no podamos superar. Lo mejor está por venir” escribió el presidente geronte en X.
El “reinado” de Biya fue acompañado de una fuerte deserción de los votantes. Ya en 1992 la tasa de ausentismo fue del 20%, cuando el candidato opositor John Fru Ndi denunció un fraude descarado como el de Noboa en Ecuador. Ya en la última presidencial de 2018, el ausentismo trepó al 50%, junto con las tasas de desempleo y un nepotismo y tráfico de influencias rampantes.
La mayoría de los votantes de Biya cree que el mandato del geronte es divino, siguiendo principios malikis y fulanis. “Ninguna autoridad puede existir a menos que venga de Dios” dice Antoine Nkoa, autor del panfleto de 51 páginas titulado “10 Buenas razones para votar a Paul Biya en 2025”. Nkoa vive en la capital Yaoundé, dijo que nunca se encontró con Biya pero que hoy a la mañana tuvo una visión de que el presidente más viejo del mundo ganaría de vuelta, y que viene apostando un montón de sus criptoactivos en ello.
Tal visión representa un escenario de pesadilla para Barthélemy Yaouda Hourgo, obispo católico de Yagoua, en una lejana región norteña. “Enough is enough” declaró instando a Biya, hijo de un catequista, a renunciar en nombre del imperio franco-británico.
Christopher Nkong, secretario general del principal partido opositor, el MRC (Movimiento de Renacimiento de Camerún), nos comunicó que Biya “ha sobrevivido a su inutilidad”. “Digo, Viejo, ya has hecho lo mejor. ¿No le puedes dejar la posta a otro camerunés?’”
Los críticos de Biya dicen que sus seguidores carecen del menor principio de realidad. La corrupción endémica y la crisis económica han exacerbado conflictos concurrentes con separatistas anglófonos armados en el oeste desplazando a miles a la vecina Nigeria, yihadistas en el norte extremo y bandas criminales dedicadas al secuestro en el llamado “Triángulo de la Muerte” en los límites con Chad y la República Centroafricana.
La elección se llevará a cabo pocos días después de la declaración de independencia del estado de Ambazonia que agendaron los separatistas. Al menos 17 personas, incluido un sacerdote, fueron asesinados por fuerzas de seguridad de Biya durante el fin de semana de la elección de 2018 en Buea y Bamenda, las principales ciudades anglófonas.
En un giro a lo habitual, dos de los aliados de siempre de Biya –los influyentes ministros Bello Bouba Maigari e Issa Tchiroma– renunciaron para anotarse y competir contra su jefe noventón. “Estamos en la peor de las miserias” dijo Tchiroma en su aldea de Garoua, terreno dominado por los maleantes de Boko Haram.
Por su parte, Leon Onana, un canciller municipal, conminó al partido de Biya a organizar su primer congreso nacional desde 2011, porque “no podemos permanencer en un partido donde todo depende de un solo individuo”. Maurice Kamto, el candidato del MRC, lastimosamente también es un ex ministro de Biya.
«Todo el mundo está sufriendo las consecuencias de la mala gestión, la malversación de fondos, el subdesarrollo, el bajo nivel de vida y la pobreza del régimen, que sabe que es impopular», afirmó Onana. Pero añadió, «sacarse a este geronte de encima no es tarea de un día».
Más allá de los esfuerzos de las organizaciones opositoras a la gerontocracia camerunesa, los analistas consideran que el escenario ya fue acomodado a los intereses del anciano despótico, que tiene a un familiar o empleado suyo en todos los cargos ejecutivos de la Comisión Electoral. En efecto, esta institución es presidida por el ministro de administración territorial Paul Atanga Nji, que se autopercibe como “biyaísta” y que amenazó con “moler a palos” a sus oponentes, lo que ocurre con frecuencia, además de detenciones ilegales, seguidas de tortura y ejecuciones, como corresponde a todo dictador africano.
Kah Walla, líder de PPC (Partido del Pueblo de Camerún), también ha sido detenida y abusada por las autoridades camerunesas. Ella señala: “Es una aberración que se llame a esto elecciones”. Su partido las está boicoteando, tal como hizo en 2018, demandando urgentes reformas. “Biya es un ladrón y corrupto, se ampara en su ancianidad para ser venerado por los imperios coloniales que siguen imponiendo las condiciones de vida en nuestra tierra. Es un viejo cipayo que no tiene el menor recato”.
En redes sociales ya se habla de una era “post-Biya”, y se alienta a los jóvenes cameruneses para que actúen como sus pares senegaleses, quienes lograron desalojar al gobierno necolonial de turno quedándose en las escuelas para proteger sus votos y vencer la tiranía de Macky Sall.
Algunos expertos creen que el escenario post-electoral será similar al de los eventos en Gabón, donde la reelección de Ali Bongo en agosto de 2023 disparó protestas que terminaron en un golpe militar anti-occidental. Cunde la sensación de que muchos cameruneses se pondrían contentos con esta posibilidad. “No habrá error en 2025. La era de Biya y su maldito partido se acabó” dijo Nkong, despidiéndose afablemente.
