Autor: Tyler Malone
Raramente conducía en la secundaria, papá no confíaba en que no golpeara a otros como él me golpeó a mí.
Nos disparamos el uno al otro en búsqueda de tierra para nunca vivir adentro o afuera pero volvíamos a casa antes de las estrellas. El vasto y oscuro paisaje era solo mierda de vaca donde la luz se detenía.
¿Cuándo se es demasiado viejo para el abuso infantil, cuándo se es demasiado viejo para ser patético? ¿Cuando fue tan joven para eso para que no sea nuestro error?
Me abroché el cinturón y le dije: «Atravesemos la tierra, muchacho». Tenía preguntas que no podía atrapar de la costa oeste, pero yo era un sureño de vacaciones bíblicamente rabioso, no había más, como una cáscara carnosa colgado como muñecas y puños de buzos empapados de la madera del muelle.
No por lo que hice o adonde fuimos o quién era él, trescientos kilómetros en América, comencé golpeando. Yo solo estaba ahí y él solo estaba viniendo.
Las raíces sostenían dientes, pero un golpe no fue suficiente, mientros ninguno de los dos podía creer nuestro dolor. Vino otro, un doble gancho descendente.
Probando la sangre joven vieja, ¿por qué estamos yendo así? Porque no estábamos solos hasta ahora. Porque no teníamos una casa. Sólo el uno al otro. Sólo uno… ¿No podemos hablar de esto, podemos?
Podíamos decirnos que nos amábamos. Entonces su mano rodó en una roca excavada en la cara kilométrica de la tierra para quebrar los rincones grises de la visión periférica.
Uno susurró, uno gritó un nombre que no podía ser el nuestro. Manos fuera de la rueda, sin pecado lanzamos piedras para matar, y no necesitamos besar para probar nuestra sangre.
traducción: HM
