Autor: Tyler Malone
Los tanques de fermentación reflejan las luces de salida de la última llamada. Terminando cervezas, la décima o quince, como las luces del salón se llenan en nuestro jueves de borrachera accidental. Somos los dos únicos bebedores a medianoche, aparte del camarero que bebió para no ser nuestra tercera rueda. Caminamos y todo lo que mira es la luna, un ojo de pez deforme desde una masa de agua rota.
Con latas de cerveza para llevar, nos adentramos en una pequeña ciudad que acaba de descubrir el verano: todo el mundo está en sus casas y se esconde de las noches calurosas. «Todos estos negocios cuelgan luces, parece una noche de graduación constante».
«Bailes de graduación, no recuerdo cuándo no tuvimos un baile de graduación en el salón de baile de esa maldita posada», digo señalando el cristal del salón de baile tan oscuro como un traje alquilado que ha visto demasiadas noches de graduación y funerales de mediodía. Los mezquites bordean las ventanas hasta un arroyo que hace de puente entre la cervecería y la posada.
En la secundaria recuerdo que bebí demasiada coca y meé afuera, en la pared de la posada. Se manchó en forma de corazón. No un corazón de dibujos animados, sino un órgano rebanado, en realidad más bien una aleta.
Moviéndome alrededor de su paquete de seis, me agarra de la mano mientras caminamos sobre la hierba en pendiente hacia el arroyo. «No tengo ni idea de por qué nunca fuimos juntos al baile».
“Probablemente porque te pintaste tus uñas negras con marcador permanente”.
“Y tú olías a aceite de pizza” dice ella. “Pizza de estación de servicio”.
“Todo eso fue hace muchos años”.
“Aún no le diré no a una buena sombra de negro. Esta noche es una buena sombra”.
“Se ve bien en tí”. Digo mientras nos acercamos a las rocas talladas en bancos junto al arroyo poco profundo cuando ella pregunta cómo he estado.
“Si hubiese podido fingir mi propia muerte hace años, lo hubiese hecho”.
“Sin fingir nada, me he estado muriendo durante años” dice ella justo cuando parece que no hay nada de la vida pasada excepto por la cerveza en nuestra sangre. ¿Qué hace nuestro futuro si miramos al pasado? Seguimos ondas y sombras de agua de pizarra abajo, abajo, abajo hasta una roca que no recuerda nombres ni huesos pero de la que tantos recuerdan su escalofrío en las piernas contra la atmósfera estival.
“Cómo podemos perdonarnos por lo que en no nos hemos convertido, así es como podemos sanar. Y tenemos algunos años por delante”.
“Pero tantos detrás. Tenemos hígados pero ese no es nuestro único equipaje”. Ella sacude una cerveza y tira del plástico trayendo seis juntas. Ella deja las latas en el regazo de una aleta envuelta de una estatua de sirena. Ella bebe y la cerveza fluye del mismo modo que el agua del arroyo. Más joven, hubo una chica que me encontró aquí en el baile de graduación. Nos prometimos que nos casaríamos a los treinta y lo suficiente solos para creer en sirenas y promesas. El arroyo fluye como movimiento asentado, yendo hacia adelante pero solo desde la naturaleza. Sentándose, ella envuelve sus piernas sobre las mías, dejando una cerveza en su rodilla. Las luces coronan un delgado puente y las estrellas fluyen sobre la piel del arroyo mientras nuestras manos se cubren la una a la otra. El arroyo sube mientras el agua cabalga a lomos de mil bagres.
“¿Qué con la estatua en topless de la dama-pescado? Ella señala a la oscura escultura de cobre compartiendo nuestra roca.
“Ella es tu única competición esta noche” digo mientras la sirena se sienta eterna como los niños que se sentaron antes de su historia viva como reuniendo formas en la oscuridad. Nos tocamos el uno al otro pero miramos a las sombras e intentamos leer sus historias. “Ella es sirena, una doncella nativa americana. Un maligno bagre hizo un negocio con ella: nada sin ser vista con él cada luna llena durante una año y el joven valiente que ella amó la amaría a su vez. Nuevamente, la única pesca fue que nadie podía verla. Luego de su primer nado, ella nadó hasta la orilla, salió caminando, y el joven valiente cayó instantáneamente enamorado de ella. Esa fue su verdadera maldición… Sin embargo, en el último nado de luna llena del año, justo cuando estaba a punto de nadar desde las profundidades de la noche y caminar hacia su esposo, ella fue atrapada por un anzuelo de pesca. Su esposo la empujó hacia la superficie por su aleta. Pero mientras los dos amantes conectaron sus ojos, el bagre empujó a Sirena hacia el agua para siempre”.
La luz superior nos descubre desde el puente. Los faros ahondan las sombras del arroyo y encienden los pechos de concha de la sirena, así como la piel viva que lo refleja todo: blanco que refleja blanco. Ella se empapa de estrellas en nuestro jueves de borrachera accidental; estrellas muertas hace millones de años como todos nuestros parientes que son historias de fantasmas.
“Yo quiero una relación como esa” dice ella mientras rastreo el vaquero envolviendo su muslo. “Una relación bagre/sirena. El no dijo perdón por darle un mundo desconocido. Todos pretenden ofrecer algo nuevo y todo lo que ella tenía era su tribu. Todo lo que tengo son muchachos de pequeños pueblos ofreciendo mundos pequeños. Ese pez se la llevó a un mundo alien. Bajo la superficie ningún sonido, y ningunas promesas rotas. Solo vida. Ese bagre maligno mantuvo su promesa”.
Las ondas del arroyo llaman nombres y empujan en secretos. Arrastrar el arroyo es como compartir historias pero ella arrastra sus uñas contra mi espalda mientras vemos a quienes una vez estuvimos en ondas. Desde la estatua de Sirena cae una lágrima de cobre. Las aguas del arroyo crecen desde allí y son transportadas por miles de bagres ocultos que cumplen promesas.
traducción: HM
