Autor: Robinson Jeffers
El reflujo se desliza desde la roca, las hundidas rocas de la marea levantan los hombros de la flojedad, el lento oeste ensombreciendo su antorcha, la luz de un barco se muestra débilmente, bien lejos, sobre el peso del océano proclive sobre la nube baja. Sobre la oscura montaña, sobre el oscuro pinar, por el largo y oscuro valle del río encogido, retorna el esplendor sin rayos, el brillo de sombra, que trae paz, la matriz de todo brillo y más tranquilidad de brillo. Donde la orilla se ensancha en la bahía ella abre negras alas y el océano acepta su gloria. Oh, alma colmada de adoración a ella, tú como el océano tienes graves profundidades donde ella siempre mora, y la película de olas arriba que toma el sol también la toma a ella, con más amor. Los amantes del sol tienen una rubia favorita, un padre de luces y ruidos, guerras, llanto y risa, trabajo caliente, lujuria y deleite y los otros defectos. La quietud fluye desde su fuente más profunda, y él morirá, y ella es inmortal.
Lejos de aquí los elegantes rebaños del bosque de la montaña se mueven entre tallos como torres de las viejas secuoias de la corriente, no crepitan ramitas, sumergen tímidos hocicos salvajes en el agua de la montaña entre los oscuros helechos. Oh, apasionadamente en paz tú estando segura perdonarás las blasfemias de luciérnagas, la lámpara en mi torre, la inquietud de ciudades, las crestas de los planetas, el orgullo de las estrellas. Esta noche de agosto en una grieta de nube Antares enrojece, la grande, la antigua antorcha, un caballero entre niños perdidos, la órbita de la tierra doblada no ceñiría su grandeza, un fuego englobado, fuera del alcance de la enorme mente, pero para ti, oh Noche, ¿qué, no una chispa? Qué centelleo de una chispa en el débil lejano resplandor de un fuego perdido muriendo en el desierto, sombríos carbones de un pozo de arena, los beduinos vagaron desde el amanecer… Ah, ¿cantando su rezo a cuáles golfos tentados de pronto están ustedes más perdidos? Para nosotros la montaña a mano es una medida de altura, el acantilado desgastado por la marea en el puerta del mar una medida de continuidad.
La marea, moviendo la vastedad de la noche con voces solitarias, gira, el profundo Pacífico de oscuridad brillante se inclina sobre la tierra, sintiendo su fría fuerza a los máximos márgenes: tú, Noche, reanudarás las estrellas a tu tiempo.
Oh, apasionadamente en paz, ¿cuándo esa marea se dirigirá a la orilla? Verdaderamente las chorreantes fuentes de luz, Antares, Arcturus, cansados de su flujo, ellos cantan una canción pero piensan en silencio. Orión, el gigante de invierno que camina brilla, y sueña oscuridad. Y la vida, el centelleo de hombres y polillas, y el lobo sobre la colina, aunque furioso por continuidad, alimentándose apasionado, apasionadamente rehaciéndose sobre sus compañeros, recuerda en lo profundo de su interior a la madre calma, la quietud del vientre y el huevo, los silencios primigenio y final: querida Noche, son las profecías de la memoria, profecía que recuerda, el encanto de la oscuridad. Y yo y mi gente, estamos dispuestos a amar de corazón los cuatro años, pero cuando un marinero ama el mar, cuando el timón es para el puerto. Las mentes de los hombres han cambiado, ¿o la roca oculta en lo profundo de las aguas del alma rompió la superficie? Se han ido unos pocos siglos, nadie se atrevió a poblar la oscuridad más allá de las estrellas con arpas y habitáculos. Pero ahora, querida es la verdad, la vida se ha vuelto más dulce y solitaria, y la muerte no es ningún mal.
traducción: HM
