Autor: Robinson Jeffers

Dentro de una cueva en un estrecho cañón cerca de Tassajara la bóveda de roca está pintada con manos, una multitud de manos en el crepúsculo, una nube de palmas de hombres, nada más, ninguna otra imagen. No hay nadie para decir  si la tímida y tranquila gente morena que está muerta intentó religión o magia, o hicieron sus trazos en la ociosidad del arte, pero sobre la división de años esas cuidadosas señales manuales son ahora como un mensaje sellado diciendo: ‘Vean: también fuimos humanos, teníamos manos, no pezuñas. Todas saludan, a ustedes, con las manos más inteligentes, nuestros suplantadores en el hermoso país, disfrútenlo una temporada, su belleza, y bajen y sean suplantados, porque ustedes también son humanos’.

traducción: HM

Vistas: 3