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La chica loca con los ojos vidriosos y largos dedos blancos arrinconada en las piedras del muro, el pelo alborotado y la boca chirriante: ¿importa, Cassandra, si la gente cree tu amarga fuente? Realmente los hombres odian la verdad, preferirían encontrarse con un tigre en la carretera. Por lo tanto los poetas melifican su verdad con mentira, aunque vendedores de religión y políticos derramen desde el barril nuevas mentiras sobre las viejas, y sean alabados amablemente por sabiduría. La pobre puta debe ser sabia. No: ustedes todavía murmuran en un rincón una corteza de verdad, repugnante a los hombres y dioses, tú y yo, Cassandra.

traducción: HM

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