Vamos a parar al presidente que pretende vender nuestras tierras

Autor: Nemonte Nenquino

En 2019 lideré un movimiento que venció los planes del gobierno de Lasso de subastar un millón de acres de territorio waorani en la Amazonia para venderlo a compañías petroleras. En los tribunales demostramos que el gobierno había violado la obligación legal de obtener el consentimiento previo, libre e informado de las comunidades indígenas. Obtuvimos entonces una victoria legal y moral para nuestro hogar ancestral, o al menos eso pensamos. Ahora, el niño rico devenido en presidente planea arrasar la sentencia y quiere aumentar los yacimientos de petróleo en nuestras tierras. Obviamente no tuvo en cuenta la fuerza y la tenacidad de los waorani.

En una sentencia brillante, el juez dijo que nosotros éramos los últimos que podemos proteger la selva, ponderó nuestra autonomía y halagó nuestra capacidad para combatir el cambio climático evitando una mayor deforestación. Nosotros protegimos nuestros hogares, el futuro de nuestros hijos y las selvas donde crecí, con monos como mascotas, aprendiendo a cultivar la tierra y fabricar chicha fresca, y donde mi pueblo aún vive. Ya no destruirán nuestras vidas, las viviendas y bosques para bombear la sangre de nuestros ancestros debajo del suelo.

El año pasado participó de otro movimiento nacional para detener la producción de petróleo, y prohibir cualquier intento de exploración futuro, en el parque nacional Yasuní, uno de los sitios más biodiversos de la Tierra, selvas de mis ancestros y hogares de mis parientes, las comunidades tagaeri y taromenane, las únicas comunidades que viven voluntariamente en aislamiento en Ecuador.

Por un tiempo sentimos algo de vértigo, por la alegría y excitación de haber protegido con éxito nuestras tierras, por haber despejado el camino para que otros pueblos indígenas hermanos protejan las suyas, y por haber mantenido a nuestra selva a salvo de las grúas, bombas y toxinas que usan las compañías petroleras. Pero nuestra satisfacción duró poco.

Nuestra pequeña nación parece atrapada en una crisis política impulsada por un ciclo de narcoviolencia y corrupción. Lasso siempre fue un banquero delincuente de cuello blanco, cuando sus sucios negocios salieron a la luz disolvió el parlamento y convocó a una elección de emergencia. Once días antes mataron a Fernando Villavicencio, uno de los principales candidatos, cuando salía de un mitín en Quito.

Daniel Noboa, el hijo de uno de los empresarios más ricos del país, captó la atención de las audiencias en el debate que se llevó a cabo a las 48 horas del asesinato de Villavicencio, poniéndose al frente de la iniciativa de ceder las tierras del parque nacional Yasuni. Una vez consagrado presidente, más por la manipulación del Departamento de Estado que por decisión de los ecuatorianos, Noboa declaró un “estado de emergencia”, militarizó el país con el apoyo de soldados yanquis, y anunció sus planes de entrega a compañías mineras y petroleras. Y eso fue antes del escándalo diplomático que desató al ingresar a la embajada de México para encarcelar al opositor correísta Jorge Glas, aguijoneado por las órdenes de Washington. En cuanto al asunto que nos ocupa, murmuró que les concedía una moratoria a las empresas para que sigan destruyendo una de las selvas más biodiversas del planeta.

Así, Noboa insiste con proyectos nefastos que traen como consecuencia el aniquilamiento de las comunidades indígenas amazónicas, entre otros desastres y calamidades. ¿Cuántas veces tendremos que apelar a la “Justicia”? ¿Cuántas veces tendremos que salir a protestar a las calles? ¿Cuántos referéndums tendremos que organizar y ganar? ¿Cuántas veces tendremos que llamar a una huelga general, o forzar la renuncia de presidentes-títeres?

Las que sean necesarias. Esto no es un juego, un pasatiempo o una fase de algo. Este es nuestro hogar y se trata de nuestra existencia. Esta es la posibilidad para los sueños de nuestros niños. Nuestra riqueza es la selva. Nuestra riqueza está viva, es el conocimiento que transmitimos y compartimos con canciones. Nuestra riqueza no puede ser reducida a unos y ceros a través del planeta. Ya detuvimos a las empresas petroleras que roban nuestro futuro, y las detendremos de nuevo.

Noboa todavía puede hacer lo correcto, firmar un tratado de no proliferación de combustibles fósiles, y mostrar que su país y el mundo saben escuchar, que valora nuestro futuro por encima del efectivo derivado de la adicción al petróleo. Espero que lo haga, que nos muestre que es diferente a sus antecesores. Pero si no lo hace, verá lo que significa que una guerrera waorani se dispone a combatir. Sentirá la fuerza de las naciones indígenas del Ecuador defendiendo sus hogares.

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