Crónica de pobreza invernal en la Argentina de “Jamoncito”

Autor: Alvaro Correa

(El apodo lo puso la vice reivindicadora de genocidas como él, así que después no vengan a censurar de la AFI -Agencia Federal de Inteligencia- o Meta, que es lo mismo. Además, doblemente hiriente lo de jamoncito para referirse a un pretendiente de judaísmo como Milei)

La “gente en situación de calle” ha crecido en las principales ciudades argentinas de manera escalofriante desde que arribó al gobierno el autodenominado libertario anarcocapitalista tras sus fuertes recortes en salud pública, la caída estrepitosa de los salarios del 99% de los trabajadores, la disminución abrupta de las pensiones y jubilaciones, y el aumento pavoroso de las viviendas en alquiler, lo que ha forzado a cientos de miles de argentinos a degradarse y afrontar una vida indigna de supervivencia sumidos en una pobreza tan cruda como desconcertante.

El último conteo de las autoridades muestran que en abril más de 4.000 personas fueron arrojadas a las calles de Buenos Aires tras las medidas desreguladoras impuestas  por un gobierno energúmeno. Estas cifras se replican en grandes centros urbanos como Córdoba y Rosario, mientras Javier Milei contiene el erario público al costo de dejar descalabrados a los más vulnerables.

Rocío Coman, que recibe una pensión mínima, ha sido “sin techo” por varios años. Ella describe la situación como un “desastre”. A pesar de ello, forma parte de un nutrido grupo de “desclasados” que recibe ayuda de la ONG “Amigos en Camino”, una entidad caritativa que recorre las calles de la ciudad distribuyendo comida para “los caídos” del modelo económico mileísta.

Mónica De Rusiss, voluntaria de la entidad durante 13 años, nunca había visto condiciones peores. Advierte que mucha gente que al menos tenía un techo está acudiendo a ellos porque no ganan lo suficiente para comprar alimentos básicos. Y que el estado se ha apartado de toda asistencia a los más menesterosos, que abundan ya en cantidades similares a las de cualquier país centroafricano.

Y es que la respuesta del gobierno a la crisis de indigencia y pauperización acelerada de las mayorías es criticada por varios líderes sociales. En efecto, desde que asumió Milei se congeló la asistencia a comedores comunitarios, aduciendo que se está combatiendo la corrupción en el área de Desarrollo Social, y ha delegado su facultad de brindar asistencias al sector privado. Milei dijo que quiere terminar con “el negocio de la pobreza”, que no ve a la gente muriéndose de hambre en las calles, o que en tal circunstancia algo se les va a ocurrir para no perecer, haciendo gala de su crueldad caligulesca y depravada. Entretanto judicializa, reprime y encarcela a quienes osan protestar por sus vesánicas medidas.

Ante este panorama un juzgado ordenó al gobierno distribuir toneladas de alimentos que estaban abandonados en almacenes acechados por ratas. Luego de apelar la decisión del juez, finalmente debieron ceder y le concedieron la entrega de la mercadería a una empresa que se dedica al tráfico de influencias.

A pesar de que tenía un trabajo, Francisco Llamas, de 52 años, se encuentra entre quienes han pasado a depender de comedores vacíos. El programa de austeridad del carismático líder ultraderechista lo ha dejado en una penosa situación rayana con la más absoluta insolvencia. En una nación que supera con comodidad una inflación del 300% anual, la opción para miles de argentinos en el invierno que se avecina será calentarse o comer.

“Yo trabajo y no llego a fin de mes. El gobierno no piensa mucho en la clase media y en los más pobres. Estoy preocupado por lo que pueda suceder en mi vejez” –confesó Llamas.

La UCA (Universidad Católica Argentina) estima que la pobreza ya supera el 55,5% de la población (25 millones de argentinos) y que la indigencia también ha crecido en forma descontrolada. Asimismo observa que más del 20% de los hogares ya no puede afrontar necesidades básicas como la alimentación y el consumo de energía. El incremento de la pobreza ha sido exacerbado por Milei, cuyas políticas no sólo generaron esta humilde crónica, sino que también terminaron de arruinar las finanzas públicas.

En las calles de Buenos Aires es habitual la presencia de desgraciados zombies de la pobreza revolviendo basura e implorando ayuda a los transeúntes, cuyo dilema fundamental consiste en cómo harán para sobrevivir a un gobierno tan salvaje como saqueador y corrupto hasta la médula, que Milei llama “gente de bien”.

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