¿Las ranas en la olla?

Autor: Agencia Maldita Realidad

El horizonte político y económico de la Argentina sólo promete incertidumbres y sombríos escenarios. Una oposición desdibujada y deslegitimada por experiencias de gobierno poco felices se combina con un Milei en modo “rey sol”, en versión Simpson. Pero su caricaturesca actitud no debe distraernos, aunque esa parece ser la táctica. Mientras los medios inundan de contenidos menores, haciendo eco de sus provocaciones, la sociedad asiste a su peor suicidio colectivo. El derrumbe económico, aunque es drástico y evidente, tiene esa dinámica compleja donde todo puede descomponerse a ritmos que se perciben de diversas formas. Puede ser un sablazo investido de despido, quiebra, o  aumentos exorbitantes que excluyen de consumos básicos.

No hay que subestimar a la derecha por la narrativa odiadora y provocativa de Milei y su banda. Su estrategia es golpear los cimientos de las democracias modernas, esa que se basa en derechos que el Estado debe cuidar del voraz mercado. A no confundir que en esa narrativa  abigarrada y barroca, porque funciona como las iglesias creadas con esas estéticas: mantener a la grey con la boca abierta, la atención dispersa y las emociones revueltas. Disciplinados en la ignorancia que alimentan las toneladas de contenidos basura. La democracia no se limita al acto electoral, de hecho es un dato menor, cuando sabemos que no existe un sistema perfecto. Las democracias modernas se reconocen desde la primera revolución, esa francesa, donde bajaron a un Rey sol de un piedrazo cuando no sólo faltaba pan sino respuestas a esa demanda. También se reconocen las democracias en las revoluciones fallidas, traicionadas o superadas. En todas ellas hay un pueblo detrás que en algún punto, deja de aceptar ser parte de esas ranas cocinadas en la olla.

Hoy no importa si es un colectivo vulnerable atacado por un plan de gobierno. Basta con ser un trabajador que ve en peligro su fuente de ingreso, un estudiante al que le tiran su futuro universitario al sótano de sus proyectos, una mujer que no se preocupa tanto por el lenguaje inclusivo sino por tener comida para su familia. Por esa razón, va a llegar un momento en que no importarán las posiciones y debates ideológicos sólo para entendidos. Se va a necesitar un liderazgo hacia otro modelo de gobierno, uno que respete la legitimidad popular. La de una democracia que quizás no se entiende bien ni se valora hasta que se pierde.

Hoy hay nuevas generaciones de jóvenes experimentando sus primeras crisis sociales en primera persona. Quizás fueron seducidos por un discurso antipolítica y psiquiátrico, pero no son un público pasivo de sus vidas. Prosumidores del ecosistema transmedia que pueden cambiar de líderes como de playlist. A lo mejor son ellos los que lideren. Por lo pronto, ya tenemos versos de Canguro que acompañan el sentimiento:

Hoy no voy a salir
Y voy a quedarme en la nube donde nadie sube

No vengas a molestar
Dicen que está todo mal, bueno
(Wah) Yo estoy más que bien acá
Y no te pienso ni mirar, ciego

Vamos, repriman la mierda que tienen guardada en el pecho
Traguen y callen hasta estar deshechos
Párense siempre derechos

Cállenlo, sédenlo
Que haga lo que quiera pero sáquenlo
Cállenlo, sédenlo
Que haga lo que quiera pero sáquenlo

Hey, háganme caso
¿O no tienen claro que soy el rey?
Háganme caso que soy la ley
Dame mi blister, mi parisien (Wah) Wos

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