La fiesta del hambre en la Argentina de la libertad carajo

Autor: Alvaro Correa

La semana pasada, con 20 kilos de fideos guiseros se podía alimentar a las cientos de familias que acuden al comedor Sal de la Tierra en Villa Fiorito, un pobre suburbio de Buenos Aires que está sufriendo una salvaje crisis económica desatada por las políticas de liberación de precios, quita de subsidios y ajuste de salarios, acompañadas de saqueo del Estado, que está practicando el advenedizo presidente Milei, cuya visión mesiánica del mundo presenta perturbadores ribetes delirantes.

Pero los índices de inflación superiores al 50% -que varios analistas colocan por encima del 250%- desde que asumió el poder, están generando ejércitos cada vez más compactos de hambrientos y lúmpenes por doquier, quienes conformaron su base electoral, junto con el macrismo y la oligarquía nacional. Esta semana, el comedor debió apelar a contribuciones particulares y el trabajo voluntario para preparar 30 kilos de pasta, ya que el gobierno todavía no les giró ni un peso.

“Cada vez hay menos para hacer y más hambre” nos dijo María Torres, una cocinera que se halla desempleada. Hoy el comedor asiste a 70 familias, 20 más que la semana pasada. “La gente si no viene aquí se queda sin comer, o peor, usan el poco dinero que tienen en bebidas o drogas y salen a robar” –consideró Torres.

Todos saben que el objetivo de Milei es llegar a una hiperinflación mortal, para luego dolarizar, y hacer un capitalismo de negocios inhumano, asesorado por el ex presidente Macri, que ya arruinó el país durante su presidencia entre 2015 y 2019.

Si bien Milei prometió que la inflación descenderá en 18 meses, los indicadores de pobreza alcanzaron cifras que equiparan al país sudamericano con Bangladesh o Zimbabwe, y no hay un indicio que avise que la situación se vaya a estabilizar, más bien todo indica que habrá una recesión paralizante que degradará aún más las condiciones de vida humana. Rematamos con las últimas palabras de la cocinera triste: “Me duele y avergüenza todo lo que está pasando. Yo puedo pasar hambre pero los niños no…”

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