Polvo feliz

Autor: Aleister Crowley

A Margot
Nieve que caes desde el cielo, llévame alto sobre tus alas, a las cúpulas de las siete estrellas ceñidas, la morada de cosas inefables, quintaesencia de la alegría y la fuerza, que, aboliendo el futuro y el pasado, hace del presente una infinita extensión, mi alma toda en Uno con el vasto, el solitario, el innombrable Dios, que es hielo de su frío inconmensurable, sin ser ni forma ni hogar, sin movimiento ni materia, el pliegue donde duerme el pastoreado universo, sin sentimientos ni sueños ni desilusión, ningún espíritu que llore o juguetee, ningún pensamiento en su silencio supremo. Me siento, y estoy absolutamente quieto, en mis ojos está mi insondable lujuria ardiendo para aniquilar mi voluntad, para desmoronar mi ser en polvo, para calcinar el polvo en ceniza, para quemar la ceniza en aire, para abolir el aire con un destello de la fulminante llamarada final. Todo esto que he hecho, y disuelto el germen primordial de mi pensamiento, me ha enrollado hacia arriba, y ha revuelto la rueda de mi ser a nada. ¿Queda aún la memoria abandonada de lo que fui, de lo que soy? Está perdido. Mientras pronuncio la palabra, soy hendido por la última lanza veloz de la escarcha. ¡Nieve! Al fin no soy nada, me siento y estoy absolutamente quieto, ellos han perecido, los fantasmas, y el pasado, ellos nacieron del cansancio de mi voluntad, cuando anhelaba, anhelaba ser y formarme, cuando la nube de la conciencia era una niebla precursora del estupor y la tormenta, cuando yo y mi sombra nos habíamos besado, y traído a la vida todas las figuras que confundían el claro espacio con sus marcas, vanos espectros cuyos escapes de vapor, un remolino de ruinosas chispas, ninguna sustancia tenía nada de esto, las he soñado en enfermedad de lujuria, delirio nacido del mal, ah, ¿a donde estaba el Señor, el deber impuesto sobre todos? ¿Es verdad, entonces, que algo en mi está sujeto al destino? Después de todo, ¿hay dos que pueden ser? He comprado todo lo que es para un final, para mí soy suficiente y único. ¿Me engaño ahora? ¿Debo desgarrar una vez más este entero homólogo? He desnudado cada vestimenta del espacio, he estrangulado el secreto del tiempo, todo ser huyó de mi rostro, con la rima inhibida del movimiento. Quieto y más quieto me siento, hasta que incluso la infinitud se desvanezca, es un ídolo, es la debilidad del ingenio que cría, en inanidad, ¡sombras! Aún devine en la completud de la nada, la más profunda y firme Nada, contiene en su naturaleza la suma de las funciones del ser y el pensamiento. Aún mientras me siento, y destruyo todo posible rastro del pasado, todo germen del futuro, ni alegría ni conocimiento vivo al final, es vano, porque el silencio está dotado con una naturaleza, la semilla de un nombre: necesidad, temerosamente florecida con el retoño del posible objetivo. ¿Yo soy la necesidad? ¡Adivino la madre Necesidad del destino! Y el destino determina mi yo, y yo tengo la voluntad de crear. Vasta es la esfera, pero gira sobre sí misma como la estrella más quisquillosa. Y yo soy el chiflado que aprende que todas las cosas son iguales. Inescrutable Nada, los dioses, el cosmos de fuego y de niebla. Soles, átomos, las nubes, e ineluctablemente las nubes se atreven a existir, he realizado el viaje de pensamiento, el viaje de visión, he nadado al corazón del océano de Nada desde la fuente de primavera del soy:  Me conozco completamente el hermano como el de todos y uno, sé que todas las cosas son cada cual, que su suma y su sustancia es Nada, pero el conocimiento en sí mismo puede sobresalir, su plenitud ha roto su nexo, todo es verdad, y todo es falsedad también, ¿y qué de la región de más allá? Entonces, aunque me siente quieto, como para siempre, apuñalo el corazón de mi columna vertebral, destruyo la última semilla de esfuerzo para sellar mi alma en el santuario de silencio, eternidad, paz, abandono el aquí y el ahora, ceso del esfuerzo de cesar, absuelvo a los muertos, yo de sus juramentos, estoy completamente contento de ser polvo, ya sea una mota o una estrella, para vivir y amar y codiciar, conocer lo que parece por lo que es, no cuidar lo que soy, si yo fuera, de donde vine, adonde voy, cómo prospero, si mi espíritu estuviera atado o libre, salvo cuando la naturaleza inventa. Lo que soy, que yo sea, es suficiente. Soy parte de un juego glorioso. ¿Estoy hecho para la locura o el amor? Estoy hecho para estimarlos igual. ¿Soy sólo un sueño en el sueño de alguna mariposa? Fantasma concebido del miedo, ¿quién sabe cómo, o cuán profundo, en el inconmensurable vientre de la noche? Imagino un pensamiento imposible, vacíos metafísicos que engendran ideas intangibles forjadas a cosas aún menos concebibles. Puede ser. Me ha importado poco, pero asumo la existencia de la tierra. ¿He nacido para ser colgado del cuello, una maldición desde la hora de mi nacimiento? ¿He nacido para abolir la culpa del hombre?, ¿su horrible herencia, temor?, ¿o una semilla en su desenfreno dividido por un bufón? No me importa una paja, porque comprendo tu voluntad, y eso es la totalidad de la ley.

 

traducción: Hugo Müller

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